Historias de comunidades resilientes en República Dominicana: cuando el cambio climático se enfrenta desde lo local

El cambio climático suele abordarse desde cifras globales, acuerdos internacionales o decisiones gubernamentales de alto nivel. Sin embargo, en la práctica, quienes viven sus impactos más directos —sequías, inundaciones, pérdida de cultivos o daños por tormentas— son las comunidades. Y en República Dominicana, muchas de ellas no están esperando soluciones desde arriba: están organizándose, creando respuestas propias y construyendo resiliencia desde lo cotidiano.

Este crecimiento del liderazgo comunitario no es una anécdota aislada. En diversos puntos del país, desde zonas costeras hasta barrios urbanos y áreas rurales fronterizas, se multiplican iniciativas que combinan conocimiento local con apoyo técnico e institucional para enfrentar los efectos climáticos. A continuación, presentamos varios ejemplos documentados por organismos nacionales e internacionales que evidencian cómo la adaptación se construye desde lo local.

¿Qué es resiliencia climática?

La resiliencia climática es la capacidad de una comunidad, ecosistema o sistema productivo para resistir, adaptarse y recuperarse frente a eventos relacionados con el cambio climático, como sequías, tormentas o inundaciones. En palabras simples, es “la habilidad de seguir viviendo, produciendo y creciendo incluso cuando el clima cambia o golpea con fuerza”.

Esta resiliencia es clave para proteger vidas humanas, garantizar medios de subsistencia y asegurar que economías locales —especialmente agrícolas, pesqueras o turísticas— puedan mantenerse frente a fenómenos extremos.

Caso 1: Comunidades costeras y soluciones basadas en la naturaleza

El proyecto Islas Resilientes, impulsado por el gobierno dominicano y aliados internacionales, seleccionó varias comunidades costeras para implementar acciones de adaptación basadas en ecosistemas (AbE). Según Coastal Resilience, el objetivo fue desarrollar “proyectos piloto de adaptación basada en ecosistemas… adaptados específicamente para mejorar la resiliencia costera”.

Entre las acciones destacadas:

  • Restauración de manglares para frenar el oleaje.
  • Protección de arrecifes coralinos como barreras naturales.
  • Talleres comunitarios para identificar riesgos y planificar respuestas.

Más que obras físicas, el enfoque promueve que las comunidades comprendan, ejecuten y mantengan sus propias soluciones climáticas.

Caso 2: Centros de resiliencia en barrios urbanos — Cristo Rey

En Santo Domingo, el programa Construyendo Comunidades Resilientes al Clima trabajó en el barrio Cristo Rey para diseñar un centro comunitario destinado a emergencias climáticas y formación ciudadana. El centro busca “empoderar a las comunidades… brindar una respuesta de emergencia coordinada… y permitir una recuperación eficaz”.

Este modelo, desarrollado junto a universidades dominicanas como INTEC y UNIBE, plantea que la resiliencia no solo se construye con muros o drenajes, sino con información, organización y redes comunitarias sólidas.

Caso 3: USAID impulsa resiliencia en Dajabón

En 2024, la USAID lanzó el proyecto Comunidades Resilientes en la provincia de Dajabón, con una duración de cinco años. Según la Embajada de EE.UU. en el país, el objetivo es fortalecer capacidades locales frente al cambio climático mediante:

  • Mejoramiento de infraestructura productiva.
  • Capacitación institucional y comunitaria.
  • Participación ciudadana en la toma de decisiones.

Este esfuerzo resalta que la resiliencia también es desarrollo económico y dignidad rural.

Caso 4: Agricultura adaptada en El Fundo

A través del Fondo de Adaptación, se desarrolló una iniciativa para mejorar la seguridad hídrica y transformar prácticas agrícolas en la comunidad de El Fundo. Se acompañó técnicamente a productores de tomate y cacao para hacer sus cultivos más resistentes a sequías o lluvias irregulares.

Este ejemplo demuestra que adaptarse al clima no siempre requiere grandes inversiones: cambiar una técnica agrícola puede significar salvar una cosecha y asegurar el sustento familiar.

Caso 5: Restauración de tierras degradadas con apoyo FAO-GEF

El Ministerio de Medio Ambiente, junto a FAO y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), lanzó el proyecto Neutralidad de la Degradación de la Tierra para una Mayor Resiliencia al Cambio Climático. El plan contempla restaurar 2,000 hectáreas de suelos degradados y mejorar el manejo del agua en 3,500 hectáreas.

Aunque aún en fase inicial, este proyecto muestra cómo la resiliencia también puede planificarse a escala territorial, vinculando agricultura, agua y medio ambiente.

Las experiencias dominicanas muestran que la resiliencia climática no es solo infraestructura ni discursos internacionales, sino proyectos tangibles construidos desde el territorio. Los casos presentados demuestran que:

  • Las soluciones deben adaptarse al contexto local para ser sostenibles.
  • La naturaleza —manglares, suelos, arrecifes— es una aliada clave cuando se restaura y protege.
  • El liderazgo comunitario marca la diferencia cuando se combina con acompañamiento técnico.
  • Pequeños cambios pueden generar grandes impactos en la seguridad y el bienestar.

El futuro climático del país no dependerá solo de políticas nacionales, sino de cuántas comunidades más logren organizarse, fortalecerse y construir su propio camino hacia la resiliencia.

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