La gestión del agua se refiere al conjunto de políticas, infraestructuras y prácticas que permiten garantizar el acceso al agua, para consumo humano, riego, industria, saneamiento y ecosistemas, de forma sostenible. Esto incluye captar agua, almacenarla, distribuirla, tratarla, conservar fuentes y asegurar su uso responsable.
Cuando esa gestión falla o es débil, incluso abundantes lluvias no garantizan agua confiable, continua ni suficiente.
¿Por qué importa hoy más que nunca?
El agua es esencial para la vida, para beber, cultivar, producir, higienizar, y también es clave para la economía: agricultura, turismo, industria, servicios. Si no hay agua, se detiene producción, se amenazan empleos, se debilita la seguridad alimentaria y se reduce la resiliencia ante el cambio climático.
En un país como República Dominicana, donde la población y la demanda aumentan, y los fenómenos climáticos son cada vez más erráticos, asegurar buena gestión hídrica es indispensable.
¿Qué dicen los datos oficiales y recientes diagnósticos?
- El informe GEO RD 2024 (elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente con asistencia del PNUMA) documenta “presiones crecientes sobre los recursos hídricos”: reducción de caudales en épocas secas, estrés de acuíferos y conflictos por uso en cuencas clave.
- Según datos del país, aunque anualmente caen más de 25 000 millones de metros cúbicos de agua de lluvia, menos del 15 % se logra regular, almacenar o aprovechar eficazmente, debido a deficiencias en infraestructura, conservación de cuencas y capacidad de regulación.
- La reposición y saneamiento es un reto: el programa de modernización del agua potable y saneamiento del país, apoyado por un préstamo de US$ 250 millones del Banco Mundial, busca mejorar el acceso al agua potable y saneamiento en decenas de miles de hogares, y fortalecer la eficiencia institucional e hídrica.
- Sin embargo, la cobertura nominal, aunque alta en algunos reportes, no siempre se traduce en suministro confiable: muchas zonas rurales o periurbanas enfrentan fallos, interrupciones, pérdidas en redes o falta de tratamiento de aguas residuales.
¿Por qué se considera “el recurso más presionado”?
Alta demanda por múltiples usos
- El crecimiento urbano demanda más agua potable y saneamiento.
- La agricultura intensiva, cultivos comerciales, agroexportación, requiere riego, incrementando el consumo.
- Expansión industrial, turística y demográfica eleva la demanda general.
Oferta limitada y distribución deficiente
- Infraestructura de captación y almacenamiento insuficiente: presas, embalses y obras reguladoras son escasas. El Estado mismo estima que sólo se aprovecha una fracción mínima del agua potencialmente disponible.
- Sistemas de distribución con pérdidas elevadas: fugas, tuberías antiguas, redes deficientes hacen ineficiente el abastecimiento.
Impactos del clima y degradación ambiental
- Sequías, variabilidad en lluvias y eventos extremos reducen caudales, recarga de acuíferos y disponibilidad.
- Deforestación, contaminación de ríos y sobreexplotación de fuentes subterráneas degradan calidad y cantidad.
Consecuencias para sectores clave y la resiliencia nacional
- Agricultura y agroexportación: déficit de agua reduce rendimiento, encarece costos de riego y limita producción.
- Turismo e industria: la escasez y la variabilidad afectan hoteles, servicios, calidad de vida y la inversión —riesgo para sectores dependientes del agua.
- Salud pública y equidad social: zonas rurales o marginadas sufren interrupciones, baja cobertura y deficiente saneamiento, afectando salud y dignidad.
- Medio ambiente y cuencas: degradación de ecosistemas acuáticos, pérdida de biodiversidad y menor resiliencia ante sequías o eventos extremos.
¿Qué se está haciendo y qué falta para asegurar la sostenibilidad hídrica?
Iniciativas recientes
- El Estado lanzó el Pacto Dominicano por el Agua 2021–2036, un compromiso de largo plazo para modernizar la infraestructura hídrica, redes de agua potable y saneamiento, conservación de cuencas y eficiencia del recurso.
- Con el apoyo del Banco Mundial está en marcha un programa de modernización del sector agua potable y saneamiento, que busca aumentar cobertura, reducir pérdidas y mejorar la gobernanza del recurso.
- En paralelo, autoridades y especialistas advierten que la gestión debe orientarse hacia la protección de ecosistemas —presas, cuencas, acuíferos— y la regulación sostenible del uso, tanto urbano como agrícola.
Qué hace falta ahora
- Inversión masiva en infraestructura: presas, embalses, acueductos, redes modernas y saneamiento.
- Gestión integrada de cuencas: conservar bosques, reducir deforestación, controlar contaminación y regular extracción.
- Eficiencia en uso del agua: modernización de riego agrícola, reducción de pérdidas en redes, uso responsable en zonas urbanas.
- Política pública coherente y a largo plazo, con coordinación institucional, monitoreo, transparencia y participación ciudadana.
- Financiamiento climático y sostenible, enfocado a resiliencia, adaptación y conservación de fuentes hídricas.
La República Dominicana tiene un recurso clave: agua, en lluvia, ríos, acuíferos, suficiente en términos naturales. Pero la forma en que lo gestionamos determinará si el país sufre crisis o consolida desarrollo sostenible.
Con inversión responsable, buen manejo institucional, conservación ambiental y planificación inteligente, es posible transformar el estrés hídrico en una ventaja: asegurar abastecimiento, impulsar la agricultura, proteger la biodiversidad y fortalecer la resiliencia ante el cambio climático. Pero sin esas acciones, la escasez de agua no solo será un problema ambiental, sino un obstáculo estructural al progreso.
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